Agatha Ruiz de la Prada presenta una colección que juega con la percepción, el cuerpo y el color.
Este año, la propuesta no lleva título más allá de su propio nombre: AGATHA RUIZ DE LA PRADA. Porque cuando la identidad es tan fuerte, el nombre lo dice todo.
La colección tiene como hilo conductor el efecto piel. Bañadores que se funden visualmente con el cuerpo, creando la ilusión de transparencia. Sobre esta base casi invisible, los iconos más reconocibles de la casa, corazones, flores, estrellas, irrumpen en colores vibrantes y contrastados, como si estuvieran directamente dibujados sobre la piel.
El resultado es un juego óptico audaz y divertido: piezas que parecen desaparecer mientras los símbolos flotan libres, convirtiendo el cuerpo en lienzo y la moda en declaración gráfica.
Fiel a su universo creativo, Agatha transforma el minimalismo aparente en explosión cromática. La sencillez del tono piel potencia aún más la fuerza del color, en una propuesta que celebra la identidad, la alegría y la libertad de expresión.
